martes, 31 de diciembre de 2013

La misma noche vieja año tras año.

Hoy es ese típico día del año en el que acabas haciendo todo con prisas. Quieras o no siempre te va a surgir ese cambio de último momento que bloquea todos tus planes. Compras con prisas, comes con prisas, hablas con prisa, te atragantas con prisa.., etc.
Son esas típicas cosas que solo te ocurren una vez al año y justo en este mismo  día. Te mentalizas ya desde por la mañana de que será un día increíble, vendrá toda tu familia (ya que solo en estas fechas conseguís reuniros todos), te pondrás guapa, porque la ocasión lo merece, y estarás indecisa toda la noche porque realmente no vas del todo a gusto. Luego llegará esa foto familiar, la típica de cada año en la que cada uno pone su mejor cara y sonríe, con la ilusión de que algo en el nuevo año cambiará y su vida dará un cambio radical por completo, que olvidándoos de todo lo malo buscaréis algún modo de no aferraros a cualquier recuerdo doloroso, o al menos lo intentaréis por unas horas.
Después llega la cena, que al final tanto cúmulo de marisco, champagne y turrón acabará contigo y te verás en la obligación de decir ‘Uf, estoy llenísimo, no puedo más. Me espero a las uvas’ que eso siempre suele funcionar. Pero claro, nunca faltará la abuela que te ponga más turrón, más champagne y más marisco delante de las narices porque resulta que has adelgazado un montón desde la última vez que os visteis. Y así quién no acaba cediendo.
En estas reuniones lo típico era esperarse al postre para que, aunque sea una vez al año, tu familia se interesara por tu vida sentimental  y empezaran por el típico cuestionario. Pero no, una vez los dejas entrar por la puerta de tu casa ya están ansiosos por saber de ti. Y es lógico, tu vida ha podido cambiar mucho de un año a otro.
Entre tanto hablar y tanto comer os acordaréis que en menos de cinco minutos empezará el año nuevo, ese que todo el mundo está deseando.
Suenan los cuartos y no falta el típico que siempre se adelante. Primera campanada; todo sale genial. Segunda y tercera campanada; ya empiezas a tener muchas uvas más de las que quisieras tener dentro de la boca. Ya vamos por la undécima campanada; y lo has logrado, este año no te has atragantado, y aún consigues hablar aún con diez uvas en la boca. Llega la última campanada e intentas de la manera que sea que la uva entre en la boca, porque esa uva tiene que entrar en la boca. Y al final, de la manera que sea, todos conseguís tragaros todas, aunque siempre sale el típico que acaba escupiéndolas quién sabe dónde. Ahora llegarán los besos y los ‘Feliz año, bonita’ que te toca recibir con una sonrisa, ya que el sentimiento tiene que ser recíproco ante la otra persona.
En resumidas cuentas, en esto se basaría la noche vieja, una última noche del año que muchos aún la reciben con ilusión.
Pero por favor, un poco de sentido común, ¿a qué le dais tanta importancia? ¿qué veis con tanta ilusión? Mañana subiréis la persiana y nada habrá cambiado, tú vida seguirá igual de rutinaria que siempre, tendrás a tu familia, a tus amigos, nada habrá cambiado. Empiezas el año como lo terminaste. ¿Y qué pretendíais, que vuestra vida diera un cambio radical de la noche a la mañana? No os equivoquéis, podréis tener un año mejor o peor, pero siempre, por la razón que sea, habrá momentos que te marcarán más o menos.


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