Es el miedo. Es ese sentimiento que nos invade cada día al despertar, cada noche al imaginar, miedo a lo desconocido, miedo a darnos por vencidos, a tirar la toalla de una vez por todas, miedo a no tener fuerzas suficientes para seguir por el camino que has elegido... y esto es así, en ocasiones los caminos se difurcan y puede ser que acabes en el principio de nuevo o que tu final llegue más pronto de lo que esperabas. No hay camino liso ni camino que seguir por mucho que te lo propongas, en ese camino aparecerán personas dispuestas a echarte de él, de tu dirección soñada. Habrá personas, que de él crearán un laberinto en el que tendrás que superar varios obstáculos, lo que te venga encima, que por más mierda que echen tú tendrás que hacerte cada vez más fuerte, a cada caída, a cada pérdida, a cada puta realidad con la que te encuentres. En cambio, habrá personas que te hagan el camino más llevadero, te sonreirán y te ofrecerán su mano y podrás coger su brazo pero, los hay también que te acompañarán en los buenos momentos, en los días de felicidad plena, en los días soleados y color de rosa y después... ¿qué? Poco a poco abrirás las ojos y te darás cuenta que no están, que se esfumaron. Se fueron por donde vinieron. Se suele decir que si no estás en los malos momentos, en los buenos sobras. Cuando te encuentres con el dolor y no sepas ni quién eres, siempre habrá alguien que saldrá en tu busca y te ayudará a salir de ese laberinto al que llamamos vida. Descubrí que no es cuestión de huevos, que no es cuestión de orgullo, que ningún capullo va a luchar por lo tuyo; A eso que llaman miedo .


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